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El enoturismo se reinventa en Castilla-La Mancha: del culto al vino al disfrute sin esnobismos

La mesa redonda sobre buenas prácticas de enogastroturismo en Castilla-La Mancha puso de manifiesto cómo el vino se ha convertido en una herramienta clave para atraer visitantes, revalorizar el territorio y generar economía local. Sandra Luque (Pago del Vicario) defendió con rotundidad el valor del “mayor viñedo del mundo”, lamentando que se haya demonizado su volumen en lugar de ver las condiciones óptimas que explican su existencia, y subrayó el papel del enoturismo como generador de credibilidad: “si no te lo crees, ven y míralo”.
María Cristina Barrero (Bodega Martúe) incidió en que el turista ya no busca “visita y cata”, sino experiencias completas: vino, productos de kilómetro cero, entorno rural auténtico y un estilo “muy manchego” que le haga sentir realmente en Castilla-La Mancha, con especial interés del público estadounidense.
Desde Finca Río Negro, Víctor Fuentes recalcó que el enoturismo es “vital” para la bodega, al permitir tener durante hora y media al visitante como “invitado”, no como cliente, y mostrarle el enorme trabajo que hay detrás de cada botella. Denunció el esnobismo del sector y abogó por un lenguaje sencillo, visitas divertidas y el vino entendido como algo cotidiano y socializador, no como un objeto solemne. En la misma línea, Juan Miguel Tolosa (Pagos de Familia Vega Tolosa y presidente de la Ruta del Vino de La Manchuela) explicó cómo la coordinación entre bodegas, hostelería y alojamientos ha construido una oferta integrada que está atrayendo turismo de calidad, apoyada en una gastronomía en plena evolución y un entorno natural privilegiado.
Los ponentes coincidieron en la necesidad de reconectar el vino con su condición de alimento dentro de la dieta mediterránea y de combatir su actual “criminalización”, defendiendo un consumo moderado y social. También apuntaron nuevas tendencias de consumo (vinos más frescos, espumosos, sin alcohol) y experiencias inmersivas como las vendimias participativas o ferias festivas tipo Fenavin Pago del Vicario, que rompen con la rigidez ferial tradicional. Finalmente, la sostenibilidad apareció como eje transversal: bodegas ecológicas, uso de energías renovables, recuperación de biodiversidad y creación de sellos territoriales buscan garantizar que el vino sea también motor de vida para los pueblos y sus paisajes.









