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El festival de whisky de Ail: mucho más que turba y barricas

Florence Grey y el fotógrafo especializado en whisky Ben Shakespeare dibujaron un retrato emocionante del festival de Ail, en la pequeña isla escocesa homónima. El evento, que celebra 40 años, nació en los años 80 como una iniciativa comunitaria para mostrar la cultura local –gastronomía, gaélico, música y tradiciones– antes de convertirse en un referente mundial del whisky. Hoy, la isla de apenas 25 por 25 millas concentra numerosas destilerías célebres por sus whiskies ahumados con turba, cuyo carácter intenso se ha hecho imprescindible en las mezclas de la industria.
El festival dura diez días y combina jornadas de puertas abiertas en las destilerías con conciertos, caminatas, actividades culturales y desfiles temáticos, como el reciente pasacalles ambientado en los años 80. A pesar de la presencia de grandes multinacionales del sector, la organización sigue en manos de un comité de solo cinco voluntarios y se mantiene como entidad sin ánimo de lucro. Cada destilería diseña libremente su propio programa, desde grandes fiestas multitudinarias hasta catas íntimas o visitas a campos de cebada.
La cita atrae visitantes de todo el mundo –de América Latina, Europa, Estados Unidos y Australia– y llega a multiplicar por varias veces la población local, con picos de hasta 18.000 personas en la isla. El impacto económico es notable: se estima que genera en torno a 10 millones y que muchos negocios realizan entre el 25% y el 40% de su facturación anual en esa semana. La oferta culinaria, basada en marisco, cordero y productos locales –incluido helado con whisky– es parte esencial de la experiencia.
Sin embargo, Grey y Shakespeare insisten en que el verdadero corazón del festival no es la bebida, sino la comunidad: la mezcla de públicos, la ausencia de jerarquías, los eventos íntimos en la iglesia local y el reencuentro anual de amigos de todos los continentes. Todos los beneficios se reinvierten en organizaciones y proyectos de la isla, cumpliendo el sueño original de Margaret, la voluntaria que lo fundó: mantener viva la cultura de Ail y compartirla con el mundo a través del whisky.









